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viernes, 11 de julio de 2008

Animales que dejan huella

  Según los Pampas, Chachao y Gualicho eran dos hermanos que representaban el bien y el mal, respectivamente.

  El dios bueno, Chachao, se aburría en la eternidad del Cielo. Quiso un día bajar a la tierra aún anegadiza y lluviosa. Tomó la Vía Láctea, que entonces llegaba hasta la pampa -y todavía es llamada “el Camino del Cielo” en la lengua vernácula.

  Cuando llegó, se puso a hacer unos muñecos de barro.
  Vio su imagen reflejada en una laguna y tuvo el capricho de reproducirla en estatuillas de dos pies que vestían como él, chiripá y poncho. No eran reproducciones perfectas, casi caricaturas, pues Chachao estaba de buen humor y solamente buscaba reírse de sí mismo.

  En un descuido, bajó su hermano, Gualicho, y sopló a los muñecos; y así estos cobraron vida. A partir de entonces, los muñecos serían los animales y los hombres.

  Para darles espacio donde correr, de otro soplo expulsó las lluvias, secó los pantanos y dio firmeza a la tierra.

  El ñandú, entusiasmado con sus carreras por la pampa seca, quiso subir al cielo por la Vía Láctea y aprovechó la distracción de Chachao para ascender algunos tramos. Al darse cuenta éste de que una criatura de barro iba a ensuciar las alturas celestiales, desató sus boleadoras y las arrojó contra el animal, que de una espantada volvió a la pampa.

  En el Cielo, a comienzos de la Vía Láctea, quedaron las marcas de las boleadoras: las estrellas Alfa y Beta del Centauro. Y junto a ellas, la huella de los tres dedos y el garrón del ñandú: la Cruz del Sur.


(a la derecha se ve la huella del ñandú y sobre la izquierda, las boleadoras; estas estrellas suelen llamarse las "punteras" de la Cruz del Sur, ya que es como si la señalaran) Bah... ¿¿se ven??